Capítulo 7. LOS REGALOS DEL REINO V

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7. LOS REGALOS DEL REINO

V. La curación y la inmutabilidad de la mente

1. El cuerpo no es más que un marco para desarrollar capacidades, lo cual no tiene nada que ver con el uso que se hace de ellas. Dicho uso procede de una decisión. Los efectos de la decisión del ego al respecto son tan evidentes que no hay necesidad de hablar más de ello, pero la decisión del Espíritu Santo de utilizar el cuerpo únicamente como un medio de comunicación tiene una conexión tan directa con la curación que sí requiere aclaración. El sanador que no se ha curado obviamente no entiende su propia vocación.

2. Sólo las mentes pueden comunicarse. Puesto que el ego no puede destruir el impulso de comunicar porque es también el impulso de crear, sólo puede enseñarte que el cuerpo puede comunicarse así como crear, y, por ende, que no tiene necesidad de la mente. El ego, por consiguiente, trata de enseñarte que el cuerpo puede actuar como la mente y que es, por lo tanto, autosuficiente. Sin embargo, hemos aprendido que ni la enseñanza ni el aprendizaje tienen lugar en el nivel del comportamiento, toda vez que puedes actuar de acuerdo con lo que no crees. Al hacerlo, sin embargo, pierdes fuerza como maestro y como estudiante porque, tal como se ha señalado repetidamente, enseñas lo que crees. Las lecciones contradictorias se enseñan mal y se aprenden mal. Si enseñas enfermedad y curación, eres al mismo tiempo un mal maestro y un mal estudiante.

3. La capacidad de curar es la única capacidad que cada persona puede y debe desarrollar si es que se ha de curar. Curar es el medio de comunicación del Espíritu Santo en este mundo, y el único que acepta. No reconoce ningún otro porque no acepta la confusión que el ego tiene entre mente y cuerpo. Las mentes se pueden comunicar, pero no pueden hacer daño. El cuerpo, al servicio del ego, puede hacer daño a otros cuerpos, pero eso no puede ocurrir a no ser que ya se le haya confundido con la mente. Esta situación, no obstante, puede usarse en beneficio de la curación o de la magia, pero debes recordar que la magia siempre implica la creencia de que la curación es algo perjudicial. Esta creencia completamente irracional es su premisa, y, por consiguiente, no puede sino proceder irracionalmente.

4. La curación tan sólo fortalece. La magia siempre procura debilitar. La curación no percibe nada en el sanador que todos los demás no compartan con él. La magia ve siempre algo “especial” en el sanador, que él cree que puede ofrecer como regalo a aquellos que no lo tienen. Puede que dicho sanador crea que ese regalo procede de Dios, pero resulta evidente que no entiende a Dios si cree tener algo que los demás no tienen.

5. El Espíritu Santo no actúa al azar, y toda curación que procede de Él es siempre eficaz. A menos que el sanador cure siempre por mediación Suya los resultados variarán. Sin embargo, la curación en sí es consistente, puesto que sólo la consistencia está libre de conflicto, y sólo los que están libres de conflicto son íntegros. Cuando el sanador admite que hay excepciones, y que unas veces puede curar y otras no, está obviamente aceptando la inconsistencia. Está, por lo tanto, en conflicto, y eso es lo que está enseñando. ¿Sería posible que lo que es de Dios no fuese para todos y para siempre? El amor es incapaz de hacer excepciones. Sólo si hay miedo parece tener sentido la idea de las excepciones. Las excepciones son amedrentadoras porque las engendra el miedo. La expresión “sanador temeroso” es una contradicción intrínseca, y es, por lo tanto, un concepto que sólo para una mente en conflicto podría tener sentido.

6. El miedo no produce alegría. La curación Sí. El miedo siempre hace excepciones. La curación nunca las hace. El miedo produce disociación porque genera separación. La curación siempre produce armonía porque procede de la integración. Es predecible porque se puede contar con ella. Se puede contar con todo lo que es de Dios porque todo lo que es de Dios es completamente real. Se puede contar con la curación porque la inspira Su Voz, y procede de acuerdo con Sus leyes. Mas si la curación es consistente tu entendimiento acerca de ella no puede ser inconsistente. El entendimiento significa consistencia porque Dios significa consistencia. Puesto que ése es Su significado, es también el tuyo. Tu significado no puede estar en desacuerdo con el Suyo porque todo lo que significas y lo único que significas procede de Su significado y es como el Suyo. Dios no puede estar en desacuerdo Consigo Mismo, y tú no puedes estar en desacuerdo con Él. No puedes separar tu Ser de tu Creador, Quien te creó al compartir Su Ser contigo.

7. El sanador que no ha sanado desea la gratitud de sus hermanos, pero él no les está agradecido. Ello se debe a que cree que les está dando algo y que no está recibiendo algo igualmente deseable a cambio. Lo que enseña se ve limitado por lo poco que está aprendiendo. Su lección de curación se ve limitada por su propia ingratitud, que es una lección de enfermedad. El verdadero aprendizaje es constante, y tan vital en su poder de producir cambios que un Hijo de Dios puede reconocer su propio poder en un instante y cambiar el mundo en el siguiente. Ello se debe a que al cambiar de mentalidad, produce un cambio en el instrumento más poderoso que jamás se le haya dado para cambiar. Esto no contradice en modo alguno la inmutabilidad de la mente tal como Dios la creó, pero mientras sigas aprendiendo a través del ego creerás que has efectuado un cambio en ella. Esto te pone en una situación en la que tienes que aprender una lección aparentemente contradictoria: tienes que aprender a cambiar de mentalidad con respecto a tu mente. Sólo así puedes aprender que tu mente es inmutable.

8. Eso es exactamente lo que estás aprendiendo cuando llevas a cabo una curación. Estás reconociendo que la mente de tu hermano es inalterable, al darte cuenta de que es imposible que él hubiese podido efectuar un cambio en ella. Así es como percibes al Espíritu Santo en él. El Espíritu Santo en él es el único que nunca cambia Su Mente. Tu hermano tal vez piense que él puede cambiar la suya, o, de otro modo, no se percibiría a sí mismo como enfermo. No sabe, por lo tanto, lo que es su Ser. Si sólo ves en él lo inalterable en realidad no lo has cambiado. Al cambiar de mentalidad acerca de su mente por él, le ayudas a anular el cambio que su ego cree haber efectuado en él.

9. De la misma forma en que puedes oír dos voces, también puedes ver de dos maneras distintas. Una de ellas te muestra una imagen o un ídolo, al que tal vez veneres por miedo, pero al que nunca amarás. La otra te muestra sólo la verdad, a la que amarás porque la entenderás. Entender es apreciar porque te puedes identificar con lo que entiendes, y al hacerlo parte de ti, lo aceptas con amor. Así es como Dios Mismo te creó: con entendimiento, con aprecio y con amor. El ego es absolutamente incapaz de entender esto porque no entiende lo que fabrica, ni lo aprecia, ni lo ama. El ego incorpora a fin de arrebatar. Cree literalmente que cada vez que priva a alguien de algo, él se engrandece. He hablado a menudo de la expansión que se produce en el Reino mediante tus creaciones, las cuales pueden ser creadas únicamente como lo fuiste tú. El Reino, que no es sino gloria excelsa y júbilo perfecto, reside en ti para que lo des. ¿No te gustaría darlo?

10. No puedes olvidarte del Padre porque yo estoy contigo, y yo no puedo olvidarme de Él. Cuando te olvidas de mí, te olvidas de ti mismo y de Aquel que te creó. Nuestros hermanos son olvidadizos. Por eso es por lo que necesitan que te acuerdes de mí y de Aquel que me creó. Mediante ese recuerdo puedes cambiar sus mentes con respecto a ellos mismos, tal como yo puedo cambiar la tuya. Tu mente es una luz tan potente que tú puedes contemplar las mentes de tus hermanos e iluminarlas, tal como yo puedo iluminar la tuya. No quiero compartir mi cuerpo en el acto de comunión porque no estaría compartiendo nada. ¿Por qué iba tratar de compartir una ilusión con los santísimos Hijos de un santísimo Padre? Y sin embargo lo hago. Quiero compartir mi mente contigo porque somos de una misma Mente, y ésa Mente es nuestra. Contempla sólo esa Mente en todas partes porque sólo esa Mente está en todas partes y en todas las cosas. Dicha Mente lo es todo porque abarca a todas las cosas dentro de sí. Bendito seas tú que percibes únicamente esto porque estás percibiendo únicamente lo que es verdad.

11. Ven, por lo tanto, a mí y descubre la verdad que mora en ti. La mente que tú y yo compartimos la compartimos con todos nuestros hermanos, y a medida que los vemos tal como verdaderamente son, ellos se curan. Deja que tu mente brille junto con la mía en sus mentes, y que mediante el agradecimiento que sentimos hacia ellos, cobren conciencia de la luz que hay en ellos. El resplandor de esta luz retornará a ti y a toda la Filiación porque ésa es tu perfecta ofrenda a Dios. Él la aceptará y se la dará a la Filiación porque al ser aceptable para Él, lo es también para Sus Hijos. Esto es auténtica comunión con el Espíritu Santo, Quien ve el altar de Dios en todos, y al llevarlo a tu conciencia para que lo aprecies, te exhorta a que ames a Dios y a Su creación. Sólo puedes apreciar a la Filiación como una sola. Esto es parte de la ley que rige a la creación, y, por lo tanto, gobierna todo pensamiento.

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