Capítulo 7. LOS REGALOS DEL REINO IV

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7. LOS REGALOS DEL REINO

IV. La curación como reconocimiento de la verdad

1. La verdad sólo puede ser reconocida y necesita únicamente ser reconocida. La inspiración procede del Espíritu Santo, y la certeza, de Dios, tal como lo estipulan Sus leyes. Ambas cosas, por lo tanto, proceden de la misma Fuente, porque la inspiración procede de la Voz que habla en favor de Dios, y la certeza, de las leyes de Dios. La curación no procede directamente de Dios, Quien sabe que Sus creaciones gozan de perfecta plenitud. Aun así, la curación sigue siendo parte del ámbito de Dios porque procede de Su Voz y de Sus leyes. Es el resultado de éstas, en un estado mental que no conoce a Dios. Ese estado le es desconocido a Él, y, por lo tanto, no existe, pero aquellos que duermen no son conscientes. Puesto que no son conscientes, no saben nada.

2. El Espíritu Santo tiene que operar a través de ti para enseñarte que Él mora en ti. Es éste un paso intermedio encaminado al conocimiento de que tú estás en Dios porque formas parte de Él. Los milagros que el Espíritu Santo inspira no pueden entrañar grados de dificultad porque todas las partes de la creación son de un mismo orden. Ésa es la Voluntad de Dios y la tuya. Las leyes de Dios así lo estipulan, y el Espíritu Santo te lo recuerda. Cuando curas, estás recordando las leyes de Dios y olvidándote de las del ego. Dije anteriormente que olvidar es simplemente una forma de recordar mejor. Olvidar, por lo tanto, cuando se percibe correctamente, no es lo opuesto a recordar. Si se percibe incorrectamente, da lugar a una percepción que está en conflicto con alguna otra cosa, como ocurre con toda percepción incorrecta. Mas si se percibe correctamente, puede usarse como un medio para escapar del conflicto, como ocurre con toda percepción correcta.

3. El ego no quiere enseñarle a nadie lo que ha aprendido, pues eso sería contrario a su propósito. Por lo tanto, no aprende nada en absoluto. El Espíritu Santo te enseña a usar lo que el ego ha fabricado a fin de enseñarte lo opuesto a lo que el ego ha “aprendido”. Lo que el ego ha aprendido es tan irrelevante como la facultad particular que utilizó para aprenderlo. Lo único que tienes que hacer es esforzarte por aprender, pues el Espíritu Santo tiene un objetivo unificado para tus esfuerzos. Si se aplican diferentes facultades a un solo objetivo durante un período de tiempo lo suficientemente largo, las facultades en sí se unifican. Esto se debe a que se canalizan en una sola dirección, o de la misma manera. En última instancia, pues, todas contribuyen a un mismo resultado, y, en virtud de ello, se pone de relieve lo que tienen en común en vez de sus diferencias.

4. Todas las capacidades deben entregársele, por lo tanto, al Espíritu Santo, Quien sabe cómo usarlas debidamente. Las usa exclusivamente para curar porque únicamente te conoce en tu plenitud. Al curar aprendes lo que es la plenitud, y al aprender lo que es la plenitud, aprendes a recordar a Dios. Te has olvidado de Él, pero el Espíritu Santo entiende que tu olvido tiene que ser transformado en una forma de recordar.

5. El objetivo del ego es tan unificado como el del Espíritu Santo, y por ello sus respectivos objetivos jamás podrán reconciliarse en modo alguno ni desde ningún punto de vista. El ego siempre trata de dividir y separar. El Espíritu Santo, de unificar y curar. A medida que curas, eres curado, ya que el Espíritu Santo no ve grados de dificultad en la curación. Curar es la manera de desvanecer la creencia de que existen diferencias, al ser la única manera de percibir a la Filiación como una sola entidad. Esta percepción, por lo tanto, está en armonía con las leyes de Dios, aun cuando tiene lugar en un estado mental que no está en armonía con el Suyo. La fuerza de la percepción correcta es tan grande que pone a la mente en armonía con la Mente de Dios, pues se encuentra al servicio de Su Voz, la cual mora en todos vosotros.

6. Pensar que puedes oponerte a la Voluntad de Dios es un verdadero desvarío. El ego cree que puede hacerlo y que puede ofrecerte su propia “voluntad” como regalo. Mas esa voluntad no te interesa. No es un regalo. No es nada en absoluto. Dios te ha dado un regalo que simultáneamente tienes y eres. Cuando no lo usas, te olvidas de que lo tienes. Al no recordarlo, no sabes lo que eres. Curar, por consiguiente, es una manera de abordar el conocimiento pensando de acuerdo con las leyes de Dios y reconociendo su universalidad. Sin este reconocimiento, haces que esas leyes no signifiquen nada para ti. Aun así, Sus leyes siguen teniendo sentido, ya que encierran todo el significado que existe, el cual está contenido en ellas.

7. Busca primero el Reino de los Cielos porque ahí es donde las leyes de Dios operan verdaderamente; y no pueden sino operar verdaderamente porque son las leyes de la verdad. Pero busca sólo eso, puesto que no puedes encontrar nada más. No hay nada Más. Dios es el Todo de todo en un sentido muy literal. Todo ser existe en Él, que es todo Ser. Por lo tanto, tú existes en Él, ya que tu Ser es el Suyo. Curar es una manera de olvidar la sensación de peligro que el ego ha sembrado en ti, al no reconocer la existencia de éste en tu hermano. Esto refuerza al Espíritu Santo en ambos porque significa que te has negado a darle validez al miedo. El amor sólo necesita esta invitación. El amor llega libremente a toda la Filiación, al ser lo que la Filiación es. Cuando despiertas al amor, estás simplemente olvidando lo que no eres, lo cual te capacita para recordar lo que sí eres.

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