Capítulo 7. LOS REGALOS DEL REINO II

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7. LOS REGALOS DEL REINO

II. La ley del Reino

1. Curar es el único tipo de pensamiento en este mundo que se asemeja al Pensamiento de Dios, y por razón de los elementos que ambos tienen en común, el Pensamiento de Dios puede transferirse fácilmente a él. Cuando un hermano se percibe a sí mismo enfermo, se está percibiendo como un ser incompleto, y, por ende, necesitado. Si tú también lo percibes así, lo estás viendo como si realmente no formase parte del Reino y se encontrase separado de él, con lo cual el Reino queda velado para ambos. La enfermedad y la separación no son de Dios, pero el Reino sí. Si enturbias el Reino estarás percibiendo lo que no es de Dios.

2. Curar es, por consiguiente, corregir la percepción de tu hermano y la tuya compartiendo con él el Espíritu Santo. Esto os sitúa a ambos dentro del Reino y reinstaura la plenitud del mismo en vuestras mentes. Es también un reflejo de la creación porque unifica al aumentar e integra al extender. Lo que proyectas o extiendes es real para ti. Esta es una ley inmutable de la mente, tanto en este mundo como en el Reino. El contenido, sin embargo, es diferente en este mundo porque los pensamientos que dicha ley gobierna aquí son muy diferentes de los Pensamientos del Reino. Las leyes deben adaptarse a las circunstancias si es que han de mantener el orden. La característica más sobresaliente de las leyes de la mente, tal como operan en este mundo, es que al obedecerlas -y yo te aseguro que tienes que obedecerlas- puedes obtener resultados diametralmente opuestos. Esto se debe a que dichas leyes han sido adaptadas a las circunstancias de este mundo, en el que parece posible obtener resultados diametralmente opuestos porque puedes responder a dos voces que se oponen entre sí.

3. La ley que prevalece dentro del Reino se adapta fuera de él a la premisa: “Crees en lo que proyectas”. Ésa es la manera en que enseña porque fuera del Reino es esencial aprender. Dicha manera de enseñar implica que aprenderás lo que eres de lo que has proyectado sobre los demás, y de lo que, por lo tanto, crees que ellos Son. En el Reino ni se enseña ni se aprende porque en él no hay creencias. Tan sólo hay certeza. Dios y Sus Hijos, en la certeza de ser, saben que eres lo que extiendes. Esa expresión de la ley no se puede adaptar a nada porque es la ley de la creación. Dios Mismo creó la ley al crear mediante ella, y Sus Hijos, que crean de la misma manera que Él, la acatan de buen grado sabiendo que la expansión del Reino depende de ella, tal como de ella dependió su propia creación.

4. Para que las leyes puedan ser útiles tienen que comunicarse. En efecto, tienen que ser traducidas para aquellos que hablan distintos idiomas. Un buen traductor, no obstante, si bien tiene que alterar la forma de lo que traduce, jamás altera el significado. De hecho, su único propósito es cambiar la forma de modo que la traducción conserve el significado original. El Espíritu Santo es el traductor de las leyes de Dios para aquellos que no las entienden. Tú no podrías hacer eso por tu cuenta porque una mente en conflicto no puede serle fiel a un solo significado, y, por lo tanto, altera el significado para conservar la forma.

5. El propósito del Espíritu Santo al traducir es exactamente el opuesto. Traduce únicamente para conservar -en todos los idiomas y desde cualquier punto de vista- el significado original. Por consiguiente, se opone a la idea de que las diferencias en lo relativo a la forma sean significativas, subrayando siempre que esas diferencias no importan. El significado de su mensaje es siempre el mismo: lo único que importa es el significado. La ley de Dios que rige a la creación no entraña el uso de la verdad para convencer a Sus Hijos de la verdad. La extensión de la verdad -que es la ley del Reino- radica únicamente en el conocimiento de lo que es la verdad. Ésta es tu herencia y no tiene que aprenderse en absoluto, pero cuando te desheredaste a ti mismo te convertiste por necesidad en un alumno.

6. Nadie pone en duda la relación que existe entre el aprendizaje y la memoria. Es imposible aprender sin memoria, ya que lo que se aprende tiene que ser consistente para que se pueda recordar. Por eso es por lo que la enseñanza del Espíritu Santo es una lección que enseña a recordar. Dije anteriormente que el Espíritu Santo enseña a recordar y a olvidar, pero olvidar sirve únicamente para que recuerdes de manera más consistente. Olvidas para poder recordar mejor. No entenderás Sus traducciones mientras sigas escuchando dos maneras de interpretarlas. Tienes, por lo tanto, que olvidar o renunciar a una para poder entender la otra. Ésta es la única manera en que puedes aprender lo que es la consistencia, para que finalmente tú mismo puedas ser consistente.

7. ¿Qué significado puede tener la perfecta consistencia del Reino para los que están confundidos? Es evidente que la confusión del alumno interfiere en su entendimiento de tal significado, y, por lo tanto, le impide apreciarlo. En el Reino no hay confusión porque sólo hay un significado. Este significado procede de Dios y es Dios. Puesto que es también lo que tú eres, es algo que compartes y extiendes tal como tu Creador lo hiciera. Esto no tiene que ser traducido porque se entiende perfectamente, pero sí necesita extensión porque significa extensión. La comunicación es perfectamente directa y está perfectamente unificada. Es completamente libre porque nada discordante puede jamás infiltrarse en ella. Por eso es por lo que es el Reino de Dios. Le pertenece a Él y es, por lo tanto, como Él. Ésa es su realidad, y no hay nada que pueda afectarla.

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