Capítulo 4. LAS ILUSIONES DEL EGO II

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4. LAS ILUSIONES DEL EGO

II. El ego y la falsa autonomía

1. Es razonable preguntarse cómo pudo la mente haber inventado al ego. De hecho, ésa es la mejor pregunta que puedes hacerte. Sin embargo, no tiene objeto dar una respuesta en función del pasado porque el pasado no importa, y la historia no existiría si los mismos errores no siguiesen repitiéndose en el presente. El pensamiento abstracto es pertinente al conocimiento porque el conocimiento es algo completamente impersonal, y para entenderlo no se necesita ningún ejemplo. La percepción, por otra parte, es siempre específica y, por lo tanto, concreta.

2. Todo el mundo inventa un ego o un yo para sí mismo, el cual está sujeto a enormes variaciones debido a su inestabilidad. También inventa un ego para cada persona a la que percibe, el cual es igualmente variable. Su interacción es un proceso que los altera a ambos porque no fueron creados por el Inalterable o mediante Él. Es importante darse cuenta de que esta alteración ocurre con igual facilidad tanto si la interacción tiene lugar en la mente como si entraña proximidad física. Pensar acerca de otro ego es tan eficaz en el proceso de cambiar la percepción relativa como lo es la interacción física. No puede haber mejor ejemplo que éste de que el ego es solamente una idea y no un hecho.

3. Tu propio estado mental es un buen ejemplo de cómo fue inventado el ego. Cuando repudiaste el conocimiento fue como si jamás lo hubieses tenido. Esto es tan evidente que basta con que lo reconozcas para constatar que eso es lo que en realidad ocurre. Y si eso ocurre en el presente, ¿por qué habría de sorprenderte que hubiese ocurrido en el pasado? Asombrarnos ante lo inusual es una reacción comprensible, pero asombrarnos ante algo que ocurre con tanta frecuencia no lo es en absoluto. No olvides, no obstante, que la mente no tiene por qué operar así, aunque así es como opera ahora.

4. Piensa en el amor que los animales sienten por sus crías y en la necesidad que sienten de protegerlas. Eso se debe a que las consideran parte de sí mismos. Nadie repudia lo que considera parte de sí mismo. La manera en que reaccionas ante tu ego es similar a como Dios reacciona ante Sus creaciones: con amor, con protección y con caridad. Tus reacciones ante el yo que inventaste no son sorprendentes. De hecho, son muy similares a la forma en que algún día reaccionarás ante tus creaciones reales, las cuales son tan eternas como tú. No es cuestión, por lo tanto, de cómo reaccionas ante el ego, sino de lo que crees ser. Creer es una función del ego, y mientras tu origen siga sujeto a interpretaciones lo seguirás viendo desde el punto de vista del ego. Cuando el aprendizaje deje de ser necesario, simplemente conocerás a Dios. La creencia de que hay otra forma de percibir es la idea más sublime de que es capaz el pensamiento del ego. Ello se debe a que dicha idea reconoce, aunque sea mínimamente, que el ego no es el Ser.

5. Socavar el sistema de pensamiento del ego no puede sino percibirse como un proceso doloroso, aunque no hay nada que esté más lejos de la verdad. Los bebés gritan de rabia cuando se les quita un cuchillo o unas tijeras, a pesar de que, si no se hiciese, podrían lastimarse. En este sentido todavía eres un bebé. No tienes una idea clara de lo que es el verdadero instinto de conservación, y probablemente decidirás que necesitas precisamente lo que más daño te haría. Sin embargo, tanto si lo reconoces ahora como si no, has acordado cooperar en el empeño por llegar a ser inofensivo y servicial, atributos éstos que son necesariamente inseparables. Incluso las actitudes que tienes a ese respecto son necesariamente conflictivas, puesto que todas las actitudes están basadas en el ego. Esto, sin embargo, no perdurará. Ten paciencia mientras tanto, y recuerda que el desenlace es tan seguro como Dios.

6. Sólo aquellos que tienen una sensación real y duradera de abundancia pueden ser verdaderamente caritativos. Esto resulta obvio cuando consideras lo que realmente quiere decir ser caritativo. Para el ego dar cualquier cosa significa tener que privarse de ella. Cuando asocias el acto de dar con el sacrificio, das solamente porque crees que de alguna forma vas a obtener algo mejor, y puedes, por lo tanto, prescindir de la cosa que das. “Dar para obtener” es una ley ineludible del ego, que siempre se evalúa a sí mismo en función de otros egos. Por lo tanto, está siempre obsesionado con la idea de la escasez, que es la creencia que le dio origen. Su percepción de otros egos como entes reales no es más que un intento de convencerse a sí mismo de que él es real. El “amor propio”, desde el punto de vista del ego, no significa otra cosa que el ego se ha engañado a sí mismo creyendo que es real, y, por lo tanto, está temporalmente menos inclinado a saquear. Ese “amor propio” es siempre vulnerable a la tensión, término éste que se refiere a cualquier cosa que él perciba como una amenaza a su existencia.

7. El ego vive literalmente a base de comparaciones. La igualdad es algo que está más allá de lo que puede entender y, por lo tanto, le es imposible ser caritativo. Lo que el ego da nunca emana de una sensación de abundancia porque él fue engendrado precisamente como un substituto de ésta. Por eso es por lo que el concepto de “obtener” surgió en su sistema de pensamiento. Los apetitos son mecanismos para “obtener” que representan la necesidad del ego de ratificarse a sí mismo. Esto es cierto tanto en el caso de los apetitos corporales como en el de las llamadas “necesidades más elevadas del ego”. El origen de los apetitos corporales no es físico. El ego considera al cuerpo como su hogar, y trata de satisfacerse a sí mismo a través de él. Pero la idea de que eso es posible es una decisión de la mente, que está completamente confundida acerca de lo que realmente es posible.

8. El ego cree que tiene que valerse por sí mismo para todo, lo cual no es más que otra forma de describir cómo cree que él mismo se originó. Es éste un estado de tanto temor que lo único que puede hacer es dirigirse a otros egos y tratar de unirse a ellos en un débil intento de identificarse con ellos, o atacarlos en una demostración -igualmente débil- de fuerza. No es libre, no obstante, de poner en tela de juicio la premisa que da lugar a todo eso, pues esa premisa es su base. El ego es la creencia de la mente según la cual tiene que valerse completamente por sí misma. Los incesantes esfuerzos del ego por ganar el reconocimiento del espíritu y establecer así su propia existencia, son inútiles. El espíritu en su conocimiento no es consciente del ego. No lo ataca; simplemente no lo puede concebir en absoluto. Aunque el ego tampoco se percata del espíritu, se percibe a sí mismo rechazado por algo más grande que él. Por eso es por lo que el amor propio, tal como el ego lo concibe, no puede por menos que ser ilusorio. Las creaciones de Dios no crean mitos, si bien el esfuerzo creativo se puede trocar en mitología. Esto puede suceder, sin embargo, sólo bajo una condición: lo que fabrica deja de ser creativo. Los mitos pertenecen exclusivamente al ámbito de la percepción, y las formas que adoptan son tan ambiguas y su naturaleza está tan marcada por la dicotomía entre el bien y el mal, que ni siquiera el más benévolo de ellos está exento de connotaciones aterradoras.

9. Los mitos y la magia están íntimamente relacionados, ya que los mitos generalmente tienen que ver con el origen del ego, y la magia, con los poderes que el ego se atribuye a Sí mismo. Los sistemas mitológicos incluyen, por lo general, alguna descripción de “la creación”, y la conectan con su forma particular de magia. La llamada “lucha por la supervivencia” no es más que la lucha del ego por prolongar su propia existencia, así como la interpretación que ha hecho con respecto a su comienzo. Este comienzo casi siempre se asocia con el nacimiento físico, ya que resulta difícil sostener que el ego existía antes de ese momento. Los más “religiosos” de los mitos basados en el ego, puede que postulen que el alma existía antes y que seguirá existiendo después de un lapso temporal de vida en el ego. Algunos postulan incluso que el alma será castigada por este lapso. La salvación, no obstante, no es aplicable al espíritu, pues éste no está en peligro y, por lo tanto, no tiene que ser rescatado.

10. La salvación no es otra cosa que “mentalidad recta”, que aunque no es la Mentalidad-Uno del Espíritu Santo, se debe alcanzar antes de que la Mentalidad-Uno pueda ser reinstaurada. La mentalidad recta conduce automáticamente al siguiente paso, ya que la percepción correcta está completamente exenta de cualquier forma de ataque, y, por lo tanto, la mentalidad errada desaparece. El ego no puede sobrevivir sin hacer juicios, y, por consiguiente, se le abandona. La mente tiene entonces una sola dirección por la que avanzar. La dirección que sigue es siempre automática, pues no puede sino acatar los dictados del sistema de pensamiento al que se adhiere.

11. No se puede hacer demasiado hincapié en el hecho de que corregir la percepción es simplemente un expediente temporal. Dicha corrección es necesaria únicamente porque la percepción falsa es un obstáculo para el conocimiento, mientras que la percepción fidedigna es un trampolín hacia él. El valor de la percepción correcta reside en la conclusión inevitable de que toda percepción es innecesaria. Esto elimina el obstáculo por completo. Te preguntarás cómo puede ser posible esto mientras parezca que vives en este mundo. Ésa es una pregunta razonable. No obstante, tienes que asegurarte de que realmente la entiendes. ¿Quién es el “tú” que vive en este mundo? El espíritu es inmortal, y la inmortalidad es un estado permanente. El espíritu es tan verdadero ahora como siempre lo fue y lo será siempre, ya que no entraña cambios de ninguna clase. No es un continuo, ni se puede entender tampoco comparándolo con un opuesto. El conocimiento nunca admite comparaciones. En eso estriba su diferencia principal con respecto a cualquier otra cosa que la mente pueda comprender.

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